viernes, 9 de abril de 2010

VOLVER AL HOGAR



"¿Qué es el ansia de hogar? Es el instinto de volver, de ir al lugar recordado. Es la capacidad de encontrar tanto de día como de noche el propio hogar. Todas sabemos cómo regresar a casa. Por mucho tiempo que haya transcurrido, sabemos encontrar el camino. Caminamos de noche cruzando tierras extrañas y tribus desconocidas sin ningún mapa, preguntando a los viejos personajes que encontramos por el camino: '¿Por dónde se va?' " La respuesta exacta a la pregunta '¿Dónde está el hogar?' es más complicada, pero se trata en cierto modo de un lugar interior, de un lugar del tiempo más que del espacio, en el que una mujer se siente entera. El hogar está allí donde un pensamiento o un sentimiento se puede conservar sin que se interrumpa o nos sea arrebatado porque otra cosa exige nuestro tiempo y nuestra atención. A lo largo de los siglos las mujeres han encontrado miles de maneras de tenerlo y crearlo, aunque sus deberes y sus tareas fueran interminables"
"Es justo que las mujeres se esfuercen por salir, se liberen, tomen, hagan, conspiren y afirmen su derecho a regresar a casa. El hogar es un estado de ánimo continuado o una sensación que nos permite experimentar sentimientos no necesariamente manifestados en el mundo exterior: asombro, visión, paz, liberación de las preocupaciones, de las exigencias, de los constantes parloteos. Todos estos tesoros del hogar se tienen que almacenar en la psique para su posterior utilización en el mundo de arriba.
Aunque hay muchos lugares físicos a los que una puede ir para 'sentir' su regreso a este hogar especial, el lugar físico propiamente dicho no es el hogar; es tan sólo un vehículo que mece el ego para que se duerma mientras recorremos el resto del camino solas. Los vehículos que utilizan las mujeres para regresar a casa son muchos: la música, el arte, el bosque, la espuma del mar, el amanecer, la soledad. Todos ellos nos conducen al nutritivo mundo interior del hogar que posee sus propias ideas, su orden y su sustento.
El hogar es la prísitina vida instintiva que funciona tan suavemente como un eje que se desliza sobre su engrasado cojinete, donde todos los ruidos suenan bien, la luz es agradable y los olores nos tranquilizan en lugar de alarmarnos. La manera en que una pase el tiempo a la vuelta no tiene importancia. Lo esencial es cualquier cosa que revitalice el equilibrio. Eso es el hogar.
Allí no sólo hay tiempo para meditar sino también para aprender y descubrir lo olvidado, lo abandonado y lo enterrado. Allí podemos imaginar el futuro y examinar también los mapas de las cicatrices de la psique, averiguar sus causas y adónde iremos a continuación. "
"Lo más importante que puedo decir acerca del momento más oportuno de este ciclo del regreso al hogar es lo siguiente: cuando es la hora, es la hora. Aunque la mujer no esté preparada, aunque las cosas no estén hechas, aunque hoy tenga que llegar al barco. Cuando es la hora es la hora. La mujer foca regresa al mar, no porque le apetece, no porque hoy es un buen día para ir, no porque su vida está limpia y ordenada; no existe ningún momento limpio y ordenado para nadie. Se va porque es la hora y, por consiguiente, se tiene que ir.
Todas tenemos nuestros métodos preferidos para convencernos de la necesidad de buscar el momento para regresar a casa; sin embargo, cuando recuperamos nuestros ciclos instintivos y salvajes, tenemos la obligación psíquica de ordenar nuestra vida de tal forma que podamos vivirla cada vez más de acuerdo con ellos. Las discusiones a propósito del acierto o el desacierto de la despedida para poder regresar a casa carecen de todo sentido. La simple verdad es que cuando es la hora, es la hora.
Algunas mujeres nunca regresan a casa y siguen viviendo su vida en la zona zombi. Lo más cruel de su estado exánime es que la mujer actúa, camina, habla, se comporta e incluso hace un montón de cosas, pero ya no percibe los efectos de lo que ha fallado. Si los percibiera, su dolor la obligaría a solventar el fallo.
Pero no, la mujer que se encuentra en semejante estado sigue avanzando medio ciego con los brazos extendidos para defenderse de la angustiosa pérdida del hogar. Tal como dicen en las Bahamas: 'Se ha vuelto sparat', es decir, su alma se ha ido sin ella y la ha dejado debilitada, haga lo que haga.
En este estado las mujeres experimentan la extraña sensación de hacer muchas cosas que no producen la menor satisfacción. Hacen lo que creen que deseaban hacer, pero el tesoro que sostenían en sus manos se ha trocado en cierto modo en polvo. Es bueno que una mujer en semejante estado tenga esa percepción. El descontento es la puerta secreta que permite acceder a un cambio significativo y propiciador de vida."
Clarissa Pinkola Estés (Mujeres que corren con los lobos)
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